viernes 23 de marzo de 2007

Mi hermanita


Cuando yo estaba en primer grado mamá decidió estudiar una carrera por lo que la vimos menos tiempo en casa por las noches. Yo decía con orgullo que mi mamá estaba en primer grado igual que yo. Al año siguiente quedó embarazada de mi hermana más chiquita y estábamos todos muy contentos con la noticia. A mi me maravillaba la cantidad de batitas que hacía con un retazo blanco para despues bordarles florcitas de colores. Un 23 de noviembre en mi escuela hubo un picnic de fin de año y llegamos a casa muy sucias de tanto jugar entonces mamá decidió no ir a clases ese día. Nos puso a las dos en la bañera y cuando nos enjabonaba el pelo rompió bolsa. Nos terminó de bañar, nos acostó, lo llamó a papá y se bañó ella antes de salir. La tía Bety vino a cuidarnos y ellos salieron de casa con una hermosa caja forrada en un papel color lila con dibujitos de animalitos llena de ropita de bebé nueva (la misma que usé cuando nació mi primer bebé). A mi me costaba dormirme de la emoción de como sería nuestro nuevo hermanito. En la mañana papá volvió a casa para buscarnos y contarnos que había nacido una hermosa bebita a la que pensaban llamar Dulce María aunque despues pensaron que todos los chicos la iban a cargar con ese nombre diciendole dulce de leche, entonces la llamaron María Cecilia. Al mediodía papá nos llevó a la clínica a verla y mamá se enojó con el porque estabamos un poco despeinadas, pero nosotras lo único que veíamos era a la muñequita. Era muy tranquila, blanquita, delgadita y larga, tenía unos pies chiquititos y largos, todas características que aún hoy conserva. Con mi hermanita nos peleábamos por alzarla, asique papá nos dijo que nos sentáramos en la cama y nos turnáramos para tenerla a upa.
Como mamá debía seguir estudiando, nosotras nos quedábamos en casa con una señora que nos cuidaba y papá nos llevaba a las tres en la hora del recreo largo para que la bebé tome el pecho. Nos subíamos a un fitito rojo y yo siempre me sentaba atrás.Lo que más me gustaba de ese auto era que las butacas se levantaban y que era tan chiquito como si fuera de juguete! Al ser la más grande papá me daba la nena a mi para que la llevara y una vez allá esperábamos en el estacionamiento a que sonara el timbre. Ahí mamá salía corriendo, se sentaba en el asiento de adelante y le daba la teta. Despues volvíamos a casa a esperar el horario de salida, donde papá la iba a buscar.
Una vez mamá tenía que ir a una reunión a La Plata, pero al pasar por Las Flores el auto se rompió asique pasamos la noche allí. En un negocio vimos una casita hermosa de aproximadamente 1 metro de alto y papá se la compró a ella. Siempre estaba en el comedor llena de muñecas! Pasó a ser su refugio de las tardes.
En las comidas familiares, papá siempre comía con ella sentada en su falda.

Cuando empezó el jardín mamá le hizo un hermoso guardapolvo rosado y yo la llevaba de camino a mi escuela. Ella iba con una lonchera con dibujitos de Sara Kay que mis padres le habían regalado y que aún hoy conservan como recuerdo. A ella no le gustaba nada ir ahí porque decía que se aburría y en la primer oportunidad que tuvo, dejó de ir. Tampoco le gustaba que el guardapolvo fuera diferente al de los compañeros porque se sentía rara, pero no se daba cuenta de que era único y especial para ella.
Era una nena calladita y observadora, y con el tiempo se fué volviendo bastante inquieta. Siempre estaba trepando los marcos de las puertas o parándose en sus manos "patas para arriba". Le gustaba saltar y perseguirnos para escucharnos hablar de novios. Cuando una prenda le gustaba se la ponía aunque fuera una pollera floreada en pleno invierno. Siempre estaba atrás nuestro, y a mi novio, hoy día mi marido, lo volvió loco. Le encantaba jugar con el y molestarlo, hasta que una vez lo cansó tanto que la agarró de la muñeca y la arrastró bajo la ducha! Creo que a partir de ahí empezó a estar más tranquila. Pero lo que no perdió fue la sonrisa grande y los ojos observadores que irradiaban alegría, los cuales aún hoy veo en mi hija.

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