martes 27 de marzo de 2007
Enseñanzas sin palabras
http://www.youtube.com/watch?v=6JfHB2cruJU
En la vida a uno le enseñan muchas cosas, se las explican, se las leen y se las hacen leer. Hay varias instancias de aprendizaje como el colegio, la iglesia, la catequesis, las clases particulares y hasta podría decirse que hoy la televisión es una más de ellas. Pero de todas, la más importante, es el ejemplo. En mi casa tuve buenos ejemplos aún sin ser mi familia perfecta. Ahí aprendí a que mis cosas debía compartirlas con mis hermanas, mi mamá decía siempre: "aca no hay ni mío ni tuyo, es de nosotros". En ese momento no parecía muy justo, pero siempre los juguetes y la ropa parecían más cuando las compartíamos y también nos divertíamos más. Compartir la cama con mi hermana era genial, muy divertido! y a veces invitábamos a unas amigas a dormir y como la cama era grande entrábamos todas. Nos quedábamos toda la noche charlando hasta que nos dormíamos. Probablemente éramos las precursoras del Pijama Party.
Aprendí a no discriminar a nadie por su condición física o social. Mis amigas eran muy variadas. Tenía amigas que tenían los mejores juguetes y otras que no tenían ninguno, pero cuando estábamos en la vereda o en el recreo solo necesitabamos una tiza para dibujar una rayuela o una pelota de papel para jugar al patrón de la vereda. Tuve una amiga que no podía caminar bien debido a la Polio, entonces aprendí a ser paciente para caminar a su lado y descubrí que aunque no pudiera correr, podíamos hablar y divertirnos igual.
También aprendí de solidaridad, ya que bien dicen que la caridad bien entendida empieza por casa. Cuando mamá trabajaba nosotras llevabamos a la más chiquita a la escuela o la ayudábamos con las tareas. Aprendimos a cocinar de chiquitas y hacíamos los mandados. Eso nos dió armas para cuando fuéramos más grandes indudablemente, no solo a no depender de nadie sino también a desenvolvernos y conocer el valor del dinero.
De todas las cosas que aprendí, creo que la más importante fue la del matrimonio. Cuando uno ve las cosas generalmente juzga y opina de que se hubiera hecho en el lugar del otro, sin embargo, es hasta que uno lo vive que no se da cuenta. El matrimonio no es un lecho de rosas aunque al casarse uno crea que ciertas cosas no le van a pasar. Con el tiempo uno tiende a creer que la rutina desgasta y que el amor desaparece. En realidad, el amor nunca desaparece, lo que si se va es esa sensación mágica de los primeros momentos, pero como todos sabemos, la magia no existe. Lo que si existe es el compartir el recorrido. El camino no es llano ni libre de obstáculos, pero lo lindo es si uno de los dos se cae o se pierde en algún tramo el otro puede ayudarlo a retomar. Es bueno tener sueñor compartidos o incluso sueños propios y que el otro te anime. Las peleas son inevitables, pero eso se da siempre en todo tipo de relación y más que indicar desaveniencias, indican que con esa persona tenes la suficiente confianza como para ser vos mismo y opinar diferente. Y aunque muchas veces uno de los dos sienta agobio, desesperanza y desánimo, mientras el otro pueda estar fuerte como para seguir el camino por los dos hasta que repongas tus fuerzas, el trayecto te va a parecer menos duro. Y cuando al llegar al final mires para atrás y veas con orgullo lo andado te vas a dar cuenta de que esa era la felicidad.
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